Un paseo durante la siesta

  Lo normal a aquellas horas, era que el único sonido que atravesase el agobiante calor de julio fuera el de las cigarras y, a lo sumo, el ladrido de algún perro disputando algún resquicio de sombra. Sin embargo aquellos dos niños, casi adolescentes, montando sobre sus bicicletas, construidas con trozos de otras mucho más