El Club Shelley: las semillas (I)

Hace unos días una lectora (que además es una compañera de mi trabajo) me preguntó cuánto había de experiencias personales en las historias de “El Club Shelley”. Por supuesto, hay más de lo que creía en un primer momento cuando lo escribí. Como estábamos cortos de tiempo, le pregunté si se lo había terminado de leer entero. Como no era así, quise saber qué cuento era último que había acabado. Entonces le expliqué cuál era la parte personal de ese en concreto, prometiendo que otro día hablaríamos largo y tendido sobre ellos.

He pensado que si bien, algunas claves no se pueden contar para no desvelar demasiado de la trama, podría explicar algunas referencias personales sobre algunos pasajes (sin hacer spoilers claro).

Si no habéis leído todavía “El Club Shelley” (no sé a qué estáis esperando… :D) os contaré que la historia parte de un grupo de aficionados a la escritura que deciden pasar un fin de semana en una casa rural. Todos forman parte de un foro de internet llamado “El Club Shelley”. En este encuentro (por fin) se conocerán personalmente. Tendrán sus diferencias, por supuesto, pero es una buena excusa para exponer sus trabajos cara a cara.

La historia lineal del grupo se va alternando con los cuentos que han escrito cada uno. Y como decía Mayra Gómez Kemp en el “Un, Dos, Tres…”: hasta aquí, puedo leer. Esto lo entenderéis si ya tenéis una edad…

Sujeto 6

Este fue el primer cuento que escribí mucho antes de pensar en hacer un libro con un hilo conductor. Está ambientado en una estación de metro real de Madrid. Concretamente la estación Carpetana de la línea 6. Tiene unas ligeras modificaciones necesarias para la trama, pero es totalmente reconocible. Hace años, cuando pasaba por allí a altas horas de la noche, había veces en que era literalmente la única persona que no trabajaba allí que bajaba hasta el andén. La única excepción eran los padres de los adolescentes esperaban más allá de los tornos para recogerlos y acompañarlos a casa. Desde allí hasta los vagones no había nadie, a excepción de algún indigente que se refugiaba allí en invierno hasta que le echaban. Pero, ¿y si el peligro no estaba fuera sino dentro?

¿Habéis llegado alguna vez en el último tren a una estación? Yo sí. En una ocasión cuando llegamos las escaleras estaban apagadas y pensábamos que nos íbamos a quedar encerrados toda la noche. Subimos corriendo las escaleras gritando para avisar que estábamos allí. Los vigilantes empezaban a cerrar las puertas de la calle, pero lo hacían muy lentamente para que nos diese tiempo a llegar. Cuando llegamos a su altura unos reían pensando en la pequeña broma que nos habían gastado, pero nosotros nos reíamos más por nerviosismo que por diversión.

Después de leer el “Sujeto 6”, ¿te quedarías en la estación? Cuéntamelo en los comentarios.

Por cierto, este cuento no solo está en “El Club Shelley” sino que además está publicado TOTALMENTE GRATIS. Lo puedas descargar aquí.

Hasta entonces, nos leemos por ahí.

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