Porqué son importantes las historias.

¿Que es lo que hace que un libro, una película, un programa de radio o televisión, o incluso un anuncio nos atraiga? Soy de la opinión de que es la historia que cuenta o de cómo se cuenta las que dan valor a la obra. Estamos bombardeados por productos (dejadme que lo llame así) que son alardes técnicos o planteles de mega estrellas de Hollywood o del papel cuché. Pero ¿qué pasa si las eliminamos? Nos queda un recipiente vacío que olvidaremos al momento. Solo si nos hace emocionar y/o reflexionar podremos decir que tiene una buena historia.

Hace unos años vi una entrevista a Anthony Minghella, director de la película “El paciente inglés”, en que hablaba de los grandes Blockbusters que abarrotan las salas de cine. Hacía hincapié en que los espectadores veían edificios explotando, luchas espectaculares o persecuciones endiabladas que les sorprendían y los hacían echase hacia atrás en su butaca. En un altísimo porcentaje, al cabo de un tiempo quedaban olvidadas. Sin embargo, el apostaba por películas en que el espectador se echase hacia adelante en su asiento, interesado en lo que estaba viendo. Esas serían las películas que trascenderían.

Con los libros pasa lo mismo. Haceros una pregunta ¿de qué libro guardáis mejores sensaciones? Seguro que es uno que ha permanecido en vuestra cabeza dando vueltas por la historia que contaba o como lo contaba, no por lo espectacular de su edición (que las hay) o por el nombre o foto que aparecía en la portada. ¿A quién le importa si lo ha escrito tal o cual escritor si lo que cuenta o lo que quiere transmitir está vacío?

Pero cuidado, no nos confundamos con la magnitud de la historia. Si una historia está bien contada, no importa que hable sobre el viaje épico de un grupo de personas destinadas a salvar el mundo o que sea de una madre soltera que lucha por sacar adelante a sus hijos.

Se tiende a confundir grandiosidad (libros enormes de las de 1000 páginas, sagas interminables o con conflictos históricos de por medio) con calidad. Lo mismo sucede con aquellos que sustentan todo el texto en un final traumático o inesperado. No es la primera vez que tras cuatrocientas páginas sin apenas interés la dramática muerte del protagonista, sobre todo si es un niño o su joven amor, hace que se cree una especie de burbuja de recomendaciones que puedan confundir al lector.

Hasta entonces, nos leemos por ahí.

Fuente imagen: Flickr

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