The Leftovers, una historia de pérdida y amor

Hace unos días termine de ver la serie “The Leftovers” (2014-2017) de HBO. A la mayoría posiblemente no os diga nada, ya que pese a ser una de esas series de culto de la cadena no ha es una de las más conocidas (incluyamos a “Mad Men”, “Juego de tronos” o “Los Soprano” en ese saco). En ella se cuenta como el 2% de la población mundial desaparece sin dejar rastro. Sin importar raza, sexo, religión, edad o lugar del mundo en que se encuentra. El planeta se enfrenta a una crisis social sin precedentes. Nadie sabe por qué ha pasado ni si puede volver a sucder de nuevo. El grupo de protagonistas lo forman básicamente dos familias. En una de ellas, una mujer ha perdido a sus dos hijos y a su marido. Tiene un hermano religioso casado con una mujer que sufre ese día un accidente que la deja vegetal. En la otra el jefe de policía local de la misma pequeña ciudad se enfrenta a los problemas de la urbe, al tiempo que su familia se desmorona. Su mujer entra en una secta y sus hijos se revelan buscando un lugar en ese mundo caótico.

¿Por qué estoy hablando de ella aquí? ¿Por la novela de Tom Perrotta en la que se basa? Error, no me la he leído. Lo hago por la historia que cuenta y como está contada. Me explico.

He tardado más de un año en ver los 28 capítulos repartidos en tres temporadas en que se compone la serie. Muchos diréis que me lo he tomado con mucha calma o que quizás no debe de merecer tanto la pena si he tardado tanto. Error de nuevo. Es una de esas historias en las que tienes que estar psicológicamente preparado para verlas. Cuando he podido ver tres o cuatro capítulos en una semana, he necesitado parar para recuperarme del dolor que trasmite. Os puedo adelantar que es una historia sobre la pérdida. Por un lado la pérdida de los seres amados y por otro la pérdida de la esperanza. Imaginaos que un día, desapareciese literalmente ante tus ojos esa persona que amáis (o una de ellas). La incógnita de no saber dónde está, si está viva o muerta, de no saber si te va a volver a pasar de nuevo, puede llegar a consumirte. En esta historia se explora sin tapujos muchas de las posibilidades y los protagonistas van pasando por todos los estados: la negación, la ira, la tristeza, la resignación… Aquí se explora también el proceso documentado del duelo) en los diversos personajes. Algunos buscan la salida fácil y menos indicada (sectas, suicidio, abandono…) otros personajes funcionan como unión de la familia o la realidad en un intento de mantener al resto con vida. Se plantean preguntas como ¿los que se han ido son los elegidos para algo? ¿son los que se van a salvar o son los condenados?

Pero también es una historia sobre el amor. El amor a los que no están y sobre todo de los que sí que han quedado, como se puede vislumbrar al final de la serie. Como el amor triunfa justo cuando se había perdido toda la esperanza de los personajes principales, como sucede en las grandes historias. Dejándote desarmado y al borde del llanto, dando gracias a las 28 horas que has sufrido y disfrutado aunque no te hayas dado cuenta.

Si vais a verla (por favor hacedlo) estad preparados para el dolor, pero también para las situaciones rocambolescas, tan absurdas y surrealistas que te harán esbozar alguna sonrisa. Preparados para ver giros tan bruscos de guion que no darás crédito. Un montaje que en ocasiones tan aparentemente caótico, que hasta que no has visto el episodio entero no te has dado cuenta de que realmente has estado viendo flashbacks con años de diferencia. La enorme iconografía que se sugiere continuamente y las alusiones bíblicas de la trama. La propia secuencia de créditos es merecedora de verla todas las veces, fija en la primera temporada (mi preferida) pero que luego va variando en forma y sonido.

Desde el punto de televisivo, si es que aún se puede usar este término porque algunas series están entre un punto equidistante entre el cine, la televisión, la literatura y el storytelling es brillante. El reparto increíble aunque para mi casi desconocido, a excepción de la siempre cautivadoramente maléfica Ann Dowd (conocida también por ser la “Tía Lydia” de El Cuento de la Criada) y Christopher Eccleston (Dr. Who), además de los muy secundarios Lyv Tayler (Arwen en El Señor de los Anillos) o Scott Glenn (El silencio de los corderos). El increíble montaje que desde el minuto uno te lleva donde quieren (la escena inicial es 100% angustia) y la fantástica música de Max Richter (leed este post sobre ella) dejan un producto redondo.

Os dejo los enlaces sobre la serie de Wikipedia e IMDB, y sobre el autor de la novela Tom Perrotta (en inglés)

Hasta entonces, nos leemos por ahí.

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