Viajé con Nicole

El extraño olor de los canales se extendía por la soleada terraza veneciana. Bajo unas precaria sobrillas de un bar ilegal, Matteo y Stefano tomaban la tercera ronda de cervezas. El afligido corazón de Matteo hablaba de Nicole.

– Tengo que confesar que me enamoré de ella a primera vista. Me encontraba esperando junto al mostrador de maletas de una gran compañía, no me acuerdo cual, cuando apareció entre la multitud. Abriéndose paso con su uniforme azul de azafata. Aunque tenía el pelo recogido se adivinaba que su larga melena, alta, estilizada como una diosa. Llevaba un pequeño bolso de mano y un enorme trolley. Sin duda su viaje iba a ser largo e interesante. Me acerqué hasta ella y… ya te puedes imaginar el resto.

Stefano observaba como un niño a su amigo, que permanecía como una ensoñación, perdido en sus recuerdos más íntimos. Matteo se llevó la jarra hacia sus labios, pero quedó a mitad de camino.

– De eso hace ya tres años. La acompañaba en cada uno de sus viajes. Daba igual que fuese por trabajo o por placer. Movía cielo y tierra para ir con ella. Fue increíble mientras duró. Viajamos a los cinco continentes, desde Japón hasta México, desde Finlandia hasta Sudáfrica. Volaba a todas las capitales importantes: París, Berlín, Londres, Madrid, Oslo, Atenas, Tokio, Pekín, Buenos aires, nuestra querida Roma… Pero algo tan bonito no podía durar para siempre. Ya sabes como soy, siempre he sido un alma libre, que va de flor en flor. Evitaba el compromiso. Pero con ella era diferente. Perdí el norte, no fui cuidadoso… y un día se descubrió el pastel.
– ¡No! ¿Te vio? – preguntó horrorizado Stefano.
– Si… se puso histérica cuando me descubrió. Traté de explicarle, pero no hubo forma. ¡Incluso me tiró la maleta a la cabeza! Salió corriendo de la habitación y no la volví a ver. ¡QUE DESASTRE!
– ¿Dónde estabais?
– En Bangkok – respondió Matteo.
– ¿Y que hiciste?
– Lo que hago siempre. Fui al aeropuerto y me colé en otra maleta. Ya sabes el dicho “¡Un gnomo…”
-“… siempre viaja gratis!” – dijo al mimo tiempo que el otro gnomo chocando las pequeñas jarras de cerveza.

Fuente imagen: Flickr

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